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¿Por qué en las películas de Ghibli se come tanto?

La respuesta

Porque comer es la manera que tiene este estudio de decir las cosas que sus personajes no dicen. Sentarse a la mesa con alguien equivale a una declaración, y comer mal —solo, sin permiso, a destiempo— anuncia que algo va a salir torcido. Además está animado con el mismo cuidado que una cara, que es lo que hace que dé hambre.

La lista es larga y todo el mundo tiene la suya. Howl fríe beicon con huevos en una sartén enorme; Ponyo prueba jamón y decide cambiar de especie; Chihiro llora comiendo una bola de arroz que le da Haku; Sōsuke parte un bocadillo con un bebé en mitad de una inundación; Satsuki y Mei reciben una mazorca dejada en el alféizar. Ninguna de esas escenas hace avanzar la trama. Todas cuentan quién es quién.

Comer juntos es el contrato

En un cine que no se lleva bien con las declaraciones de amor, el plato hace ese trabajo. El desayuno de El castillo ambulante es el momento en que cuatro desconocidos y un demonio de fuego se convierten en una familia, y ocurre sin que nadie lo diga. La colina de las amapolas abre directamente con una secuencia de cocina y una canción titulada «Asa-gohan no Uta», «la canción del desayuno», que Miyazaki —guionista de la película— exigió mantener entera.

En Haru en el reino de los gatos el favor que de verdad cuenta es el de una niña que le dio de comer a una gata hambrienta y ni siquiera lo recuerda. Frente a eso, el reino entero le llena el jardín de regalos que nadie ha pedido.

Y comer mal condena

El reverso es igual de sistemático. Los padres de Chihiro se convierten en cerdos por sentarse a un puesto vacío y devorar sin preguntar de quién es aquello. Setsuko agita una lata de caramelos Sakuma que ya está vacía, y su hermano la rellena de agua para fabricar un sirope que no alimenta; al final esa lata es una urna. En Recuerdos del ayer, toda una época queda retratada en una piña exótica que la familia no sabe abrir y que sabe a poco.

La regla es bastante estable: comer con alguien une, comer contra alguien o comer lo que no te corresponde sale caro.

Por qué se ve tan bien

Aquí hay una razón técnica. En Ghibli la comida se anima como si fuera un personaje: se ve el vapor saliendo, la grasa moviéndose en la sartén, la resistencia del pan cuando se muerde, el peso del cuenco. Y el sonido va en la misma dirección. La escena de los padres de Chihiro está montada con ruidos de masticación insoportables y sin música, porque ahí la comida tiene que dar asco.

El origen de esa manera de mirar no está en Ghibli sino antes. Miyazaki y Takahata pasaron los años setenta haciendo televisión —Heidi, Marco— y ahí aprendieron a animar la vida corriente: comer, tender la ropa, subir una cuesta. El queso derritiéndose de Heidi es el antepasado directo del huevo frito de Howl.

Lo que ha pasado después

La comida de Ghibli se ha convertido en un género propio de internet: recetarios, cuentas dedicadas a reproducir platos fotograma a fotograma, cafeterías temáticas. Es simpático y no tiene mucho que ver con la película: lo que hace funcionar el desayuno de Howl no es la receta, es quién está sentado a la mesa. Reproducir el plato y saltarse eso es quedarse con la parte fácil.

Hay más sobre esto en el tema dedicado a la comida en Ghibli, con las escenas ordenadas por película.

Ocho platos y lo que significan

El beicon con huevos de Howl

El castillo ambulante. Cuatro desconocidos se convierten en una familia mientras Calcifer se queja de que le pisen la cara.

La bola de arroz de Haku

El viaje de Chihiro. Lo primero que come Chihiro en el mundo de los espíritus, y el momento en que por fin se derrumba.

El jamón de Ponyo

Ponyo en el acantilado. Su primer alimento humano. Con eso decide dejar de ser un pez.

El medio bocadillo de Sōsuke

Ponyo, otra vez. Lo parte con un bebé durante una inundación: la catástrofe no interrumpe la amabilidad.

La mazorca del alféizar

Mi vecino Totoro. Un regalo que nadie explica y que confirma que el bosque estaba escuchando.

La lata de caramelos Sakuma

La tumba de las luciérnagas. Juguete, después simulacro de comida y al final urna. La marca es real y la reeditó durante décadas.

La piña de Taeko

Recuerdos del ayer. Una fruta importada, cara y decepcionante, que retrata el Japón de 1966 mejor que cualquier diálogo.

La caballa de Jirō

El viento se levanta. No se la come: le mira la curva de la espina y con ella diseña un ala.

Cartel de El castillo ambulanteCartel de Ponyo en el acantiladoCartel de El viaje de ChihiroCartel de La tumba de las luciérnagas