Volar en Studio Ghibli
Cincuenta años dibujando máquinas que suben, y una desconfianza permanente hacia quien las arma.
Miyazaki es hijo de un fabricante de piezas de avión de guerra y ha dedicado su carrera a resolver esa herencia. Sus héroes vuelan con planeadores, escobas, dirigibles y cacharros que se caen a trozos. Sus villanos pilotan máquinas pesadas, blindadas y con armamento.

La distinción es constante: volar es libertad; el vuelo militarizado es la maldición. Marco Pagot se vuelve cerdo antes que servir a la aviación fascista; Jirō Horikoshi diseña aviones hermosos que acabarán ardiendo con sus pilotos dentro; Kiki pierde su capacidad de volar cuando pierde la confianza.

Y hay un detalle recurrente: casi ninguna de estas máquinas es rápida. Miyazaki filma el vuelo como flotación, no como velocidad, y por eso sus escenas aéreas tienen ese aire de sueño lento.
