¿Ghibli se ve mejor en japonés o doblado?
La respuesta
En japonés con subtítulos, si no te importa leer: Miyazaki dirige el reparto de voces él mismo y ficha a gente que no es actriz ni actor cuando le interesa una textura concreta, y eso no se puede doblar. Dicho esto, los doblajes castellano y latino están bien hechos y con niños pequeños no hay discusión posible.
La respuesta corta ya está arriba. La larga tiene matices, porque hay películas donde la diferencia es enorme y otras donde da bastante igual.
Por qué la pista japonesa es la referencia
En Ghibli la voz forma parte del diseño del personaje y la elige el director. Miyazaki ha fichado repetidamente a intérpretes que no vienen del doblaje porque quería un timbre concreto, aunque el resultado fuera menos pulido. El caso extremo es El viento se levanta: el protagonista, Jirō Horikoshi, lo dobla Hideaki Anno, el director de Evangelion, que no es actor. Su interpretación plana y monocorde dividió a la crítica japonesa y es exactamente lo que Miyazaki quería para un ingeniero incapaz de mirar a nadie a la cara.
Un actor de doblaje profesional, en cualquier idioma, corrige eso automáticamente. Es su oficio. Y al corregirlo borra la decisión.
Dónde se nota más
En La princesa Mononoke y en El viaje de Chihiro la distancia entre el original y cualquier doblaje es grande, y tiene que ver con el registro: las voces japonesas de San y de Yubaba son ásperas de una manera que las versiones internacionales tienden a suavizar.
En El cuento de la princesa Kaguya pasa algo parecido por otro motivo. La película se sostiene sobre el ritmo del japonés clásico y sobre canciones infantiles tradicionales; traducirlas es imposible sin perder la métrica.
En cambio, en Arrietty, en Haru en el reino de los gatos o en Ponyo la diferencia es pequeña. Son películas de diálogo sencillo y mucha información visual.
Cuándo gana el doblaje, sin discusión
Con niños que todavía leen despacio. Un crío de seis años que está descifrando subtítulos no está mirando el dibujo, y en estas películas el dibujo es la mitad de lo que se cuenta.
También si vas a verla mientras cocinas, planchas o cualquier otra cosa. Mejor doblada y atendida a ratos que subtitulada y perdida.
Y hay un tercer caso legítimo: haber crecido con una voz. Mucha gente en España oyó por primera vez a Totoro o a Chihiro en castellano y esa asociación no se deshace. No hay ninguna obligación de estropeársela.
El error de mezclar las dos cosas
Poner el audio doblado y los subtítulos en español a la vez es la peor opción de todas. Los subtítulos y los diálogos del doblaje se traducen por separado y con restricciones distintas —el doblaje tiene que encajar en la boca, el subtítulo en dos líneas—, así que nunca coinciden. La diferencia entre lo que oyes y lo que lees acaba distrayendo más de lo que ayuda.
Lo que se pierde en cualquier idioma
Hay cosas que no sobreviven a ninguna traducción, ni siquiera a los subtítulos. El juego de kanji del nombre de Chihiro, por ejemplo: «Sen» es literalmente un trozo del nombre que Yubaba le quita, y en español eso no se ve. O los tratamientos japoneses —el momento exacto en que un personaje deja de hablarle de usted a otro—, que en castellano desaparecen. Está contado con más detalle en la página sobre los idiomas y los doblajes.
Lo práctico
En Netflix las pistas conviven en la misma ficha: japonés, castellano y español latino, con subtítulos en español. Se cambia desde el menú de audio sin salir de la película, así que la manera más rápida de zanjar esta discusión es poner cinco minutos de cada una.
Mi recomendación, si sirve de algo: la primera vez, como te apetezca. La segunda, en japonés. Con estas películas siempre hay una segunda.
Cuál elegir según el caso
Ves con niños de menos de ocho años
Doblada, sin dudarlo. Leer subtítulos les aparta del dibujo.
Es tu primera película de Ghibli
Como te resulte más cómodo. Da igual y ya volverás.
Mononoke, Chihiro o Kaguya
Japonés con subtítulos. Es donde más distancia hay entre el original y cualquier doblaje.
El viento se levanta
Japonés, aunque solo sea para oír a Hideaki Anno haciendo de ingeniero aeronáutico sin la menor emoción en la voz.
La vas a ver mientras haces otra cosa
Doblada. Un subtítulo perdido es una escena perdida.
Doblaje y subtítulos a la vez
Nunca. No coinciden porque se traducen por separado, y la diferencia distrae.



