Oroku
おろく婆 · La abuela Oroku; Oroku-baba
Anciana tanuki de Suzugamori, maestra de transformación de la vieja escuela
En una frase
La abuela que enseña a transformarse a golpes y no se cree ni una palabra de las negociaciones.
Oroku es una de las ancianas del clan de Suzugamori, con siglos encima y ninguna paciencia. Cuando los tanuki de Tama deciden recuperar el arte perdido de la transformación, ella es una de las pocas que todavía lo domina y se encarga de instruir a los jóvenes con métodos que consisten sobre todo en gritar y repetir.
Políticamente está más cerca de Gonta que de los moderados: desconfía de los humanos, considera ingenuo el plan de asustarlos y no cree que la convivencia sea posible. Su autoridad viene de la memoria: recuerda cómo era el monte antes, recuerda a los tanuki que ya no están y no deja que nadie edulcore lo que está pasando.
Su papel en la película es el de la generación que no llegará al final del proceso y que se niega a fingir optimismo mientras dure.
Qué representa
Cada lectura lleva su etiqueta: lo que se ve en pantalla, lo que ha dicho el estudio, lo que es interpretación y lo que es teoría del público sin confirmar.
La transmisión de un saber a punto de perderse Interpretación
El arte de transformarse se había olvidado por desuso: los tanuki llevaban generaciones sin necesitarlo. Oroku encarna esa transmisión de última hora, y la película la trata como lo que es, un patrimonio recuperado tarde.
Vieja, fea y con voz Interpretación
Ghibli tiene una larga lista de ancianas con carácter, de Dola a Yubaba. Oroku pertenece a esa familia y añade algo: es la única que ha visto el paisaje anterior y puede certificar la magnitud de la pérdida.
Sus escenas
La escuela de transformación
Oroku hace practicar a los jóvenes convertirse en objetos cotidianos. Los resultados —orejas que asoman, colas que no desaparecen— son la mejor comedia física de la película.
Curiosidades
Le pone la voz Nijiko Kiyokawa, actriz nacida en 1912 y veterana de la comedia japonesa, que tenía más de ochenta años al grabar el papel.
Suzugamori, el clan del que procede, es un topónimo real del sur de Tokio, célebre por haber albergado un antiguo recinto de ejecuciones.
Takahata repartió los papeles de los tanuki ancianos entre actores veteranos y maestros del rakugo, buscando dicción de escena y no dicción de estudio de doblaje.



